EL POLICÍA QUE SUPO TRATAR A UN ENFERMO MENTAL

MEJOR QUE UN MÉDICO


 

              Había una vez, hace un tiempo no muy lejano, un pueblecito que tenía por Alcalde a un médico, a este médico le gustaba jugar a las casitas de pequeño, tanto que llegó a... esta parte del cuento no me la sé.

            Este Alcalde, alto, rubio, ojos claros, centímetro y medio, repito, centímetro y medio... presumía de todo lo que no había hecho para vender a su pueblecito, que de tonto no tiene un pelo, sus más enormes ansias de gobernar y poder, saltándose todas las normas de la libertad de expresión, perdón, en esta época no existía la libertad de expresión todavía, para de esta forma seguir aferrado a su más enormes deseos, el orgullo, la vanidad, la censura, la manipulación y un sin fin de valores non-gratos para la raza humana de la época.

            Un día, a este Alcalde, le salió al paso un joven pastorcito, el cual desgraciadamente no gozaba de plena salud mental, y le dijo con la mayor de su inocencia, ¡Señor Alcalde, Señor Alcalde!, ¿cree que yo podré ser médico algún día como Usted?, a lo que el Alcalde contestó de la forma arrogante que lo caracterizaba, ¡tú a parte de loco eres tonto!; contestando el joven pastorcito, ¡si, pero mi voto cuenta!; el Alcalde que no se esperaba una respuesta de este tipo, la cual le dio una fuerte patata en la entre-pata, ¡venga va! en los huevos, ordenó a un policía que no quería que ese joven se acercase a él durante seis meses para de esta forma tener la campaña electoral en paz.

             El Policía, con más dedos de frente que este Alcalde y médico de profesión, se dirigió al joven y tratándole con la psicología, que para estos casos de enfermos mentales se necesita, le explicó que si se acercaba al Alcalde iba a tener que detenerlo y no podría ser médico como el Alcalde, cosa que hacía muchísima ilusión a este pobre joven.

             Llegó el día de las elecciones, el Alcalde prepotente, censurador, manipulador... que había gobernado los últimos años no volvió a salir de Alcalde por las..., esta palabra no debería emplearla en un cuento, putadas que hizo a sus ciudadanos y se fue a ejercer la profesión para la que estudió a otro pueblecito cercano.

            Tras las elecciones, el pueblecito recuperó la normalidad, las buenas formas... la armonía que siempre lo habían caracterizado.

            Pasaron los meses, los años y varias generaciones que aquel joven pastorcito, el cual padecía de salud mental y que quería ansiosamente ser médico, tras el consejo del policía de que no se acercara al Alcalde hasta pasadas las elecciones para no detenerlo y que pudiera estudiar medicina, decidió marchar muy lejos, tanto que no se supo más nunca de él en el pueblecito,

            Entre algunas de las leyendas que hay, las más curiosas es que algunos dicen que el jovencito se fue en patera a otro sitio, perdiendo la vida en el mar y que su alma está vagando para reencarnarse en el científico que descubra la regeneración de neuronas, otras dicen que se fue al extranjero donde terminó la carrera de medicina siendo un médico de reconocido prestigio a nivel mundial... ¡pero son eso!, leyendas.

            Lo cierto de todo este cuento es que ese jovencito, antes de su partida, dejó un mensaje para el policía que con tanta psicología lo trató, "me voy para ser médico, un gran médico, gracias amigo".

 

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